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María Buenaventura Valencia

Alguna vez comimos maíz y pescado

Cada uno de estos maíces es el mar

un arrecife de coral

una enorme roca

la Tierra

una constelación

un meteorito

la Vía Láctea.

Los atraviesan estrellas fugaces,

rayos de luz,

nubes, lunas.

Son cabezas de personas. Caminan.

Juntos son bosques

hongos caminantes

lugares de pasto

paisajes

planetas.

Mirarlos, uno a uno, es un placer enorme.

Cada uno tan diferente del otro.

Cada uno el universo entero.

La Galería Santa Fe, ubicada bajo la Plaza de La Concordia, se toma aquí como subsuelo del mercado. Lugar del mundo de abajo, de semillas, tierra, minas de sal o profundidad barrosa de los ríos donde vive el pez Capitán. Tres elementos dan forma al espacio: un observatorio de maíz, un comedor conformado por una hilera de mesas usadas y los textos de una historia de búsqueda.

El observatorio es un ejercicio de contemplación de variedades de maíz nativas del altiplano cundiboyacense. Estas semillas diversas y cambiantes en colores, manchas, patrones, dibujos, texturas y formas son maíz gato, pajarito, dominó, rojo, porva, arroz del custodio de semillas Fabriciano Ortiz, de Boyacá y maíz pira nativo del mercado campesino de la Plaza del 20 de Julio. Cada mancha de ellos es el reflejo de un gen saltarín, pedazos móviles del adn que aseguran variabilidad y capacidad adaptativa.

El esfuerzo ha sido contemplar cada grano, lejos de visiones folclóricas preestablecidas o de una imagen nostálgica que los condene al pasado.

Como prolongación del espacio de maíz se encuentra una hilera de mesas recolectadas, comedores provenientes de casas y bodegas de muebles viejos que, en su madera, brillo, desgaste o marcas, cuentan en su particularidad una historia de hogares bogotanos. Sobre las mesas se desbordan cúmulos de sal vigua y ceniza, que se utilizarán en los banquetes para pelar el maíz y limpiar los peces.

El espacio del comedor permite una comunicación necesaria, y a la vez simbólica, con la plaza de mercado, de donde bajarán alimentos principales para los encuentros.

Aquí los textos y sus imágenes, el observatorio que es el universo todo y este comedor de muchas mesas lleno de sal y cenizas narran la historia de quien ha salido al encuentro de esta sabana de Bogotá.

María Buenaventura Valencia

Nació en Medellín, Colombia, 1974. Vive y trabaja en Bogotá, Colombia. Magíster en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional de Colombia, graduada en filosofía de la Universidad de Los Andes, siguió estudios de creación escénica en la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq de París, Francia.

Su obra, una mezcla de oficios y saberes, como la cocina, la escritura, la instalación y la historia, ha merecido diferentes premios. Su investigación y talleres en torno a la comida llevan catorce años, trabajando con organizaciones, campesinos, cocineros, custodios de semillas y explorando alimentos olvidados del altiplano cundiboyacense como el Pez Capitán o las variedades de cultivos, así como los rastros del encuentro: la llegada a estas tierras de las vacas, cerdos y gallinas o las palabras de un nuevo comensal ante una papa, un aguacate o una piña.

Desde 2013 es docente de Plástica Social y participante del Observatorio de Poéticas Sociales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Artistas / Espacios